Presentación
Toda la vida he vivido en el distrito madrileño de Ciudad Lineal. Aquí viví con mis padres, aquí estaba mi colegio, que ahora es el de mis hijos, aquí encontré el amor y aquí tengo mi casa. También aquí he hecho deporte, en el polideportivo de La Concepción. Siempre he creído que conocía bastante bien mi barrio… Por eso, cuando hace unos meses saltó a la fama el mural feminista que adornaba la entrada del polideportivo (mural pictórico contra la violencia machista, aprobado por el Ayuntamiento de Madrid y en cuya elaboración participaron los vecinos del barrio), me sorprendió no saber que una de las mujeres en él representadas era Rosa Arauzo, vecina de Ciudad Lineal, activista feminista, defensora de la igualdad de las mujeres. Toda mi vida en el barrio y no sabía ni siquiera que existía…
… Así que decidí informarme un poco más de su figura. En esta entrada resumo HERSTORY, una historia muy peculiar digna de ser contada.
¿Quién es Rosa Arauzo?
Rosa Arauzo Quintero nació en Madrid, en la España de posguerra, un 18 de febrero de 1945. Es hija de la transgresión de género: no conoció a su padre biológico y su madre murió por un aborto provocado en casa, cuando ella tenía tres años. Su familia materna no tenía recursos, así que les dieron, a ella y a su hermano, en adopción: a ella, a una familia sin hijos en Ventas; a él, al colegio de San Ildefonso.
Su familia adoptiva le quiso con locura. De todo tuvo, de todo probó, estudió, se formó, leyó mucho. A los 10 años tuvo “sus primeros escarceos con hombres”, ella creía que porque era muy puta, más tarde entendió que porque abusaron de ella. También conoció mujeres: una antigua religiosa se enamoró perdidamente de ella. Rosa todavía era joven, la veía como una amiga muy querida, no se daba cuenta de que su amiga Concha la quería de otra forma.
A los 19 años comenzó a participar en la lucha antifranquista y sindical. Estudió asistente social y trabajó como profesora en un colegio católico. La echaron de allí por representar la obra de teatro de un comunista, un tal Federico García Lorca. Trabajó unos años como asistente social, más tarde lo dejó, desencantada.
Se casó y tuvo seis hijos y dos abortos. Tenía tantos hijos porque entonces estaba en contra del aborto y porque follaba mucho. Se fue a Brasil, por el trabajo de su marido. Por entonces vio Emmanuelle en el cine, y el cine le hizo ver a ella que era lesbiana. En Brasil prosiguió su activismo, acogiendo en casa a refugiados políticos de Argentina y Chile. Su marido no podía más con esa actitud, sus formas de vivir no eran miscibles. Así que se separaron, y Rosa volvió con sus hijos a Madrid.
En Madrid se enamoró de P., la profesora de sus hijos, y comenzó una relación con ella. Esta relación hizo que en sus círculos activistas le dieran de lado por lesbiana, que su marido recuperara la custodia de sus hijos por lesbiana, que su madre sufriera porque era lesbiana. Además, al final P. la abandonó por otra mujer. Esta etapa tan dura le llevó a las adicciones al alcohol y a las drogas. Tuvo otra pareja, 22 años menor, que murió de sida. Desde entonces no ha tenido más parejas.
Siempre ha creído en Dios, pero en un Dios que también cree en ella, tal como es. La fe le ha salvado, le sirve para vivir. Admira a las teólogas feministas y confía en que la Iglesia Católica se abrirá pronto a la diversidad.
A los 50 años Rosa, con la ayuda de Dios, salió del pozo. Empezó a trabajar cuidando a personas mayores dependientes, a lo que se dedicó durante 15 años, que afianzaron su actual pensión de 600 euros. Debe mucho a las personas a las que cuidó, quienes, junto con su fe, le ayudaron a centrarse de nuevo. En su vida nuevamente centrada se reencontró con varios de sus hijos. Hoy vive con dos de ellas, una lesbiana y la otra trans, se consideran “el sector Rosa de la familia”.
En la vejez se cruzó con el 15-M, un nuevo espacio donde dar rienda suelta a su activismo: llegó a ser número 2 por Madrid en las listas de Podemos al Senado en 2015. También está muy implicada en la Fundación 26 de Diciembre, que acompaña a las personas mayores LGTBIQ para que sigan viviendo con orgullo su sexualidad. Hoy vive en Ames, Galicia, desde donde esta “lesbiana mayor con boina” define así su cometido:
«Mi idea fundamental del compromiso viene de mi fuerte creencia cristiana. Dios nos quiere como somos y tenemos que trabajar en la igualdad y la diversidad que supone las diferentes formas y estilos que se pueden dar en el ser humano»
¿Por qué Rosa Arauzo?
Cuando leí las instrucciones del reto semanal, rápidamente me vino ella a la cabeza, pues en su apasionante y turbulenta existencia se encuentran múltiples humanidades que encajan a la perfección, desde mi punto de vista, con el ejercicio planteado, pero también con la experiencia de aprendizaje que estamos desarrollando: Rosa ha consagrado su vida a luchar por la igualdad, a vivir a su manera, sin ataduras, con naturalidad. Su militancia, su fortaleza, su transgresión, su sexualidad, su maternidad, su compromiso… en fin y en pocas palabras, su intensa vida merece un hueco en esta página, para que quede constancia de que con ella también se #AprendeIgualdad.
Fuentes
Si os ha parecido interesante la historia de Rosa, podéis conocer más en los siguientes recursos, que a mí me han servido para preparar esta entrada. Os recomiendo en especial el marcado en morado, un tarro de 12000 palabras donde se guarda con mimo la esencia de esta gran mujer:
- Mural feminista de La Concepción. Wikipedia.
- Rosa Arauzo. Wikipedia.
- Militancia, fe y deseo: las siete vidas de Rosa Arauzo. June Fernández.
- Vídeo de presentación de la candidatura de Rosa Arauzo. Congreso de Vistalegre2.
- Artículo en La Voz de Galicia. Emma Araújo.


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